Querido Padre Celestial,

Alabanza

Tú dijiste: “Canta de júbilo y alégrate, oh hija de Sion; porque voy a venir, y habitaré en medio de ti” (Zac 2:10). ¡Qué maravilloso es saber que Tu Espíritu Santo ha venido para morar en mi corazón así como Tu Presencia moraba en Jerusalén! ¡Te alabo hoy como el Dios que viene para habitar en medio de Su pueblo! ¡Te alabo, Señor!

Hoy en Tu Palabra

Hoy me dijiste sobre las ocho visiones que diste a Zacarías. Él tuvo las visiones exactamente cinco meses después de que el pueblo había reanudado la reedificación del templo, y tenían el propósito de animarlos para perseverar en su obediencia a Tus instrucciones. El pueblo pudo ver bien las dificultades que enfrentaron, pero ellos no pudieron ver lo que Tú hacías tras bastidores. En cada visión, descorriste el velo de este mundo material, y les revelaste cómo estabas obrando para su bien. En la primera visión, el pueblo sentía su propia angustia mientras que el imperio que lo oprimió estaba en paz. Tú les dijiste que Tu ángel los guardaba y que Tú eras “celoso” por la paz y la seguridad de Tu pueblo. Les aseguraste que Tu templo sería reedificado y que Jerusalén otra vez “rebosaría de bienes”. En la segunda visión, el pueblo podía ver al enemigo que había destruido su tierra natal. Tú revelaste que estabas mandando a “cuatro artesanos” que derribarían las naciones que los habían destrozado. En la tercera visión, el pueblo podía ver los muros derribados y las casas arruinadas que una vez albergaron tantas familias. Revelaste que algún día Jerusalén estaría tan llena de gente que sería como una aldea sin muros, y que Tú mismo serías “una muralla de fuego en derredor”. En la cuarta visión, el pueblo podía ver la pecaminosidad por la cual ellos y sus líderes habían sido contaminados. Tú mostraste que Tú reprendiste a Satanás, su acusador, y quitaste la iniquidad de Tu pueblo, y prometiste que algún día “mi siervo el Renuevo” vendría, es decir, Jesucristo, el Mesías. En ese día, el pueblo viviría en santidad y prosperidad bajo Su reinado. En la quinta visión, el pueblo podía ver la gran responsabilidad que Tú les habías encargado. Les dijiste que Tu Espíritu estaba trabajando activamente junto con ellos para ayudarles: “No por el poder ni por la fuerza, sino por Mi Espíritu” (Zac 4:6). Tu bendición divina estaba sobre Zorobabel, y ayudarías al remanente para cumplir su trabajo: “¿Pues quién ha despreciado el día de las pequeñeces?” (Zac 4:10). En la sexta visión, el pueblo podía ver a los transgresores en medio de ellos. Dijiste que Tú estabas mandando Tu maldición para consumir a aquellos que desobedecían Tu ley. En la séptima visión, el pueblo podía ver la maldad que llenó la tierra. Mostraste cómo la quitarías, llevándola hacia Babilonia donde algún día sería destruida. En la octava y final visión, el pueblo se enteró de cuán débil y vulnerable al pecado ellos fueron. Les mostraste que Tus carros recorrían la tierra, velando por ellos.

Reflexión

En cada visión, querías dar al remanente una esperanza para el futuro. ¿Estaban sufriendo mucho? Los cuidabas. ¿Fue destruida su tierra por las naciones enemigas? Tú las destruirías a ellas. ¿Estaba en ruinas Jerusalén? Restaurarías la ciudad y la llenarías de una gran multitud. ¿Su adversario era fuerte y cruel? Tú Mismo serías su Abogado. ¿Era grande su responsabilidad? Bendecirías y prosperarías su obra. ¿Había muchos transgresores? Los consumirías. ¿Nunca terminaría la maldad? La vencerías. ¿Era incierto su futuro? Los protegerías. ¡Aleluya!

Petición

Padre, es fácil estar desanimado por las dificultades y las tribulaciones de esta vida. No me dejes olvidar que siempre estás obrando por mí. Estás guiándome, protegiéndome, y bendiciéndome mientras sigo Tu voluntad.

Agradecimiento

¡Gracias por las visiones de Zacarías! Ellas me enseñan que obras todas las cosas conforme al consejo de Tu voluntad (Ef 1:11).

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Zacarías 6:15.