Querido Padre Celestial,

Alabanza

Me puedo imaginar que Tú exhalaste un suspiro de frustración y moviste Tu cabeza con exasperación cuando Josafat salió a la batalla con el Rey Acab, sus vestiduras reales ondeando con el viento. ¿Cómo podía ser tan necio? Pero tuviste piedad de él, y le salvaste la vida— ¡esa clase de Dios eres Tú! Eres amable cuando soy inconsciente y misericordioso cuando estoy en error. ¡Te alabo hoy por Tu misericordia, e inclino mi cabeza indigna delante de Ti en adoración! ¡Grande eres Tú, Señor!

Hoy en Tu Palabra

Hoy me dijiste sobre la muerte de Acab y la victoria de Josafat sobre Moab. Acab imaginaba que podía evitar Tu sentencia de muerte al disfrazarse, pero Tu palabra por medio de Micaías se cumplió. Un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey Acab por entre la juntura de su armadura. Cuando decides matar a alguien, ¡no hay posibilidad de escape! Josafat casi murió también—los capitanes enemigos vieron sus ropas reales y se desviaron para matarlo. Solo Tu misericordia previno que él se uniera con Acab en la muerte. Cuando estaba regresando de la batalla, enviaste a Jehú para reprochar a Josafat por haberse aliado con Acab. “¿Vas a ayudar al impío y amar a los que odian al Señor, y con esto traer sobre ti la ira del Señor?” (2 Cr 19:2). Esto es una advertencia sombría contra estar unidos en yugo desigual con los incrédulos (v. 2 Co 6:14–18). También me enseña que cuando algún rebelde está en Tu mira, ¡la mejor cosa que puedo hacer es alejarme de él! Tal vez Josafat no fuera el más sabio de los hombres, pero como dijiste, “se han hallado en [él] cosas buenas” e instituyó reformas judiciales en todo su reino. Él instó a los jueces que fueran imparciales y que dejaran “que el temor del Señor esté sobre ustedes” (2 Cr 19:7). Es buen consejo, y yo haría bien en tener esa misma actitud en mis asuntos con los demás. Mientras que Josafat estaba esforzándose por reconciliar el pueblo de Judá con Tu Ley, Moab estaba planeando un ataque. Se aliaron con los amonitas y los meunitas y marcharon hacia Judá. Josafat tuvo miedo, pero se volvió hacia Ti por ayuda, y Te obedeció cuando le dijiste: “Salgan mañana al encuentro de ellos porque el Señor está con ustedes” (2 Cr 20:17b). Él mandó que los levitas salieran delante del ejército, cantando y alabándote por Tu amor y Tu misericordia. Cuando comenzaron a cantar, Tú pusiste emboscadas contra los moabitas. Cuando Josafat llegó a la batalla, todos estaban muertos. ¡Qué testimonio maravilloso de Tu poder para mostrarte fiel a los que Te adoran!

Reflexión

Mandaste a Josafat y al pueblo de Judá que no tuvieran miedo de los moabitas, diciéndoles: “porque la batalla no es de ustedes, sino de Dios”. Pero en el momento siguiente, ordenaste que ellos “[descendieran] contra ellos” (2 Cr 20:15–16). Sabemos que Tú lucharás por nosotros; la pregunta es si yo estoy dispuesto a tomar un paso de fe y superar mis miedos.

Petición

Padre, ayúdame a aprender tanto de los fracasos de Josafat como de su fe—no me dejes aliarme con los que se rebelan contra Ti, y estórbame cuando me dirijo hacia el desastre.

Agradecimiento

¡Gracias por Tu misericordia! La lectura de hoy me hace aún más agradecido por cómo me cuidas a pesar de mí mismo. ¡Bendito sea Tu Nombre, Señor!

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: 2 Crónicas 20:35–37.