Querido Padre Celestial,

Alabanza

Tú dijiste que el costoso sacrificio de los impíos es abominación para Ti, pero Te deleitas en la oración de los rectos (Pr 15:8). ¡Qué pensamiento reconfortante y alentador! Con frecuencia, me siento que no tengo nada de importancia o de valor para traerte, pero Tú gozas simplemente de escucharme. ¡Mi deseo es alabarte hoy por caminar en la luz de Tu Palabra!

Hoy en Tu Palabra

Hoy me contaste más de los proverbios de Salomón. Un tema repetido es la importancia de ser enseñable: “El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo, pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento” (Pr 15:32). Esto me muestra que ser enseñable significa recibir la crítica y la corrección con gratitud. ¡Qué difícil! Mi primera reacción es justificar mi comportamiento y defender mis acciones. Pero cuando hago eso—cuando paso por alto la reprensión y cuando rechazo la disciplina—lo que estoy haciendo en verdad es despreciarme a mí mismo. Una persona enseñable le da la bienvenida a la instrucción. Una persona enseñable está dispuesta a humillarse y decir: “No tuve razón; por favor, perdóname”. Una persona enseñable responde a la crítica con gratitud—dice: “Gracias por preocuparte por mí tanto que estabas dispuesto a decirme eso. Oré sobre ello”. Cuando me trago el orgullo y recibo Tu reprensión, me apruebas y recibiré Tu bendición. Verdaderamente, “aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida morará entre los sabios” (Pr 15:31). ¡Y en ese lugar es exactamente donde quiero estar!

Reflexión

Salomón era muy acaudalado, y tenía todo lo que deseaba. Pero decía muchas cosas como “Mejor es poco con temor del Señor, que gran tesoro con turbación” (Pr 15:16). Necesito meditar sobre esta verdad y dejar que transforme mi manera de pensar sobre la búsqueda de riquezas y posesiones.

Petición

Padre, puedo hacer muchos preparativos y mucho planes, pero los resultados están en Tus manos (Pr 16:9). Por eso, encomiendo mis obras a Ti, y pido que establezcas mis planes (Pr 16:3).

Agradecimiento

Gracias por darme una visión clara de cómo es el sabio. Estoy agradecido por Tu guía y Tu instrucción— ¡que mi corazón siempre le dé la bienvenida a la voz del precioso Espíritu Santo!

En el nombre de Jesucristo, Amén.