Querido Padre Celestial,

Alabanza

Cuando oigo la voz de la sabiduría, estoy escuchando Tu voz. Anhelas que los simples entiendan prudencia y que los necios aprendan sabiduría. Te dedicas a buscar a todos aquellos que van por la vida, y los llamas, diciendo: “¡Vengan a mí y aprendan mis caminos!” Qué maravilloso es adorar a tal Dios, un Dios cuyo corazón desea que todos encuentren las riquezas verdaderas de la comunión con Él. ¡Aleluya!

Hoy en Tu Palabra

Hoy me contaste la conclusión del llamamiento de Salomón a la búsqueda de la sabiduría. Junto con Salomón, miré hacia abajo por la ventana de arriba de su casa y vi al joven simple que pasaba por la calle cerca de la casa de la mujer extraña. Lo miré con un sentido del presentimiento ominoso mientras ella lo persuadía con sus palabras seductoras y lo llevaba a su casa. Este relato escalofriante me enseña lo que debo hacer y lo que debo evitar para salvarme de la “mujer extraña” (Pr 7:5). Primero, debo guardar Tus palabras y atesorar Tus mandatos en mi corazón. Tus enseñanzas deben ser guardadas como a la niña de mis ojos, y debo hacerlas parte de mi propio ser. Segundo, debo saber cuáles calles y callejones me dirigirían a su puerta y estar lo más lejos posible de ellos. Nunca debo creer que soy capaz de estar a la altura de ella y vencer sus tentaciones—“muchas son las víctimas derribadas por ella” (Pr 7:26). Si estoy escuchando sus palabras endulzadas y mirando su belleza, ya tengo un pie en la tumba. En lugar de eso, debo escuchar la voz clara y persuasiva de la dama Sabiduría—“Oh simples, aprendan prudencia; y ustedes, necios, aprendan sabiduría. Reciban mi instrucción y no la plata, y conocimiento antes que el oro escogido” (Pr 8:5, 10). Ella es un premio sobre todos los demás. Ella estaba contigo cuando creaste el mundo, era Tu delicia de día en día. El que la halla, halla la vida y alcanza Tu favor. La dama Sabiduría ha edificado su casa y ha puesto su mesa (Pr 9:1–2). Me llama para venir y vivir con ella y aprender sus caminos. Pero desde la casa al otro lado de la calle viene el grito estridente de la doña Locura: “Dulces son las aguas hurtadas, ¡y el pan comido en secreto es sabroso!” (Pr 9:17). Tengo que tomar la decisión: ¿Me aferraré a la sabiduría y viviré, o me desviaré a la insensatez y pereceré?

Reflexión

¿Con qué frecuencia me encuentro merodeando en la calle donde ella vive? ¿Cuántas veces me he dicho: “Solo daré un paseo en su calle. No entraré en su casa”? Oh, mi corazón, ¡no “te desvíes hacia sus caminos, no te extravíes en sus sendas”! ¡Sálvate de la muerte!

Petición

Padre, ¡abre mis ojos al valor verdadero de la sabiduría! Imprime en mi corazón lo precioso e inestimable que es ella. Qué yo siempre encuentre mi delicia en ella y que yo esté satisfecho con su belleza.

Agradecimiento

Gracias por inspirar a Salomón para que me escribiera una carta de Tu corazón. ¡No puedo explicar lo orgulloso que me siento y cuán agradecido estoy cuando me llamas Tu “hijo”!

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Proverbios 9:9.