Querido Padre Celestial,

Alabanza

Tú eres Dios, y no hay otro. Tú me hiciste, y yo soy oveja de Tu prado. Por eso, cantaré alegre a Ti—Te serviré con alegría y vendré ante Tu presencia con regocijo. Entraré por Tus puertas con acción de gracias y por Tus atrios con alabanza. Te alabo, ¡y bendigo Tu Nombre! Para siempre es Tu misericordia, ¡y Tu verdad por todas las generaciones! (Sal 100:3–5)

Hoy en Tu Palabra

Hoy me contaste más de los salmos cuyos autores son desconocidos. El salmo 102 es la oración de alguien “en el día de [su] angustia”—es el clamor de alguien que pide ayuda en su tiempo de gran sufrimiento, de alguien que ha llegado a sus límites. El hombre que sufre describe su condición con lujo de detalles y proclama que cree que su muerte está cerca (1–11). Luego dirige sus pensamientos a Ti, y medita sobre Tu eternidad—“Tú, Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación (12). Al considerar esta verdad en su corazón, él declara su confianza en Tu acción venidera—“Te levantarás y tendrás compasión de Sion… [has] considerado la oración de los menesterosos, y no [has] depreciado su plegaria” (13, 17). Siguió al decir: “Esto se escribirá para las generaciones futuras”, que miraste desde el cielo y libraste a los prisioneros, “a los condenados a muerte” que anunciaran en Sion el nombre del Señor (18–22). En la Septuaginta, la oración termina con el versículo 22, y el resto del salmo es Tu respuesta al salmista, que se llama “Señor” en versículo 25. El autor de Hebreos interpretó esto como una declaración hecha por Ti al Hijo (He 1:10–12). Quiere decir que el salmo es mesiánico—primero, habla sobre el sufrimiento del Mesías (1–11), entonces nos dice de Su gran expectación de Su reino futuro (12–22). Al final, Le dijiste que los días de su vida terrenal serían pocos (23–24), pero Le recordaste que Él fue Creador de los cielos—“ellos perecerán, pero Tú permaneces… Tus años no tendrán fin” (26–27). ¡Así el salmo 102 testifica hermosamente de la eternidad de Tu Hijo, Jesucristo!

Reflexión

El salmista dijo: “¿Quién es sabio? Que preste atención a estas cosas, y considere las bondades del Señor.” (Sal 107:43). ¿Medito yo sobre Tus maravillas? ¿Tomo el tiempo para recordar no solo lo que hiciste por Israel, sino también lo que has hecho por mí?

Petición

Padre, conmueve mi corazón para que yo alabe Tu Nombre. Prende un fuego en mí, un amor por Ti y por Tu Palabra, que nunca será apagado. Que siempre esté dentro de mí el deseo de decir: “¡Bendice, alma mía, a Jehová!”

Agradecimiento

El Espíritu Santo me llama, diciendo: “Díganlo los redimidos de Jehová” Yo Le respondo: ‘Te alabo, Jehová, porque eres bueno, ¡porque para siempre es Tu misericordia!’ (Sal 107:1–2 RVR60). ¡Aleluya!

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Salmo 107:31.