Querido Padre Celestial,

Alabanza

Me maravillo al pensar cómo Tú, el Creador del universo, condescendiste con Tu pueblo para morar sobre la tierra entre ellos. Te alabo hoy como el Dios que “montaste Tu tienda” con los hombres. Te deleitas estar en comunión con los que Te aman y Te sirven. Como dijo el salmista: “Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad” (Sal 84:10 RVR60).

Hoy en Tu Palabra

Hoy me contaste más acerca de los salmos de los hijos de Coré. En algunos de estos salmos Te regocijas en Tu amor por la ciudad de Sion, Jerusalén. El salmo 48 dice: “Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en Su monte santo. Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey” (Sal 48:1–2). El salmo 84 dice: “¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Sal 84:1–2). El salmo 87 dice: “Su cimiento está en el monte santo. Ama Jehová las puertas de Sion más que todas las moradas de Jacob. Cosas gloriosas se han dicho de ti, Ciudad de Dios” (Sal 87:1–3). Estos salmos alaban a Jerusalén, no porque es la ciudad más grande de la tierra, sino porque es la ciudad “de nuestro Dios”—la ciudad donde Dios mora entre Su pueblo, y donde el Señor gobierna en justicia y poder. La grandeza de Sion viene de su asociación con el Gran Rey, el Rey que en Su misericordia, eligió edificar Su templo allí y que es “sol y escudo” para la ciudad. Algún día Jesucristo reinará sobre el mundo desde Jerusalén, y las naciones de la tierra vendrán para alabarle allí (Zac 14). “Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa” (Is 11:10 RVR60). ¡Espero con gozo el día cuando Jerusalén será la capital del mundo!

Reflexión

Los hijos de Coré describieron con elocuencia la vanidad de la mundanalidad en el salmo 49—cuando el malvado muere, “no llevará nada, ni descenderá tras él su gloria.” (Sal 49:17 RVR60). ¿Estoy viviendo mi vida teniendo en cuenta la eternidad, o estoy aferrándome a cosas que perecerán?

Petición

Padre, abro las puertas de mi corazón—ven y lléname con Tu Presencia preciosa. ¡Te pido que reines sobre mi vida y hazme conforme a la imagen de Tu Hijo!

Agradecimiento

Gracias por la promesa que “gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad” (Sal 84:11b). ¡Te alabo, Señor!

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Salmo 84:12.