Querido Padre Celestial,

Alabanza

Moisés mandó que los israelitas meditaran sobre lo que sucedió en el Monte Sinaí (Dt 4:9–14). El monte ardía en fuego y habían oscuridad, nube y densas tinieblas, pero no Te mostraste a ellos. Lo hiciste así para enfatizar Tu naturaleza real: eres un espíritu. Jesús le dijo a la mujer samaritana que quieres que yo Te adore según quién eres. Alabo a Tu Nombre hoy, y Te adoro “en espíritu y en verdad” (Jn 4:23–24).

Hoy en Tu Palabra

Hoy me dijiste la conclusión del primer sermón de Moisés a los israelitas en las llanuras de Moab al fin de los cuarenta años de peregrinación. Moisés terminó su repaso de la historia reciente de Israel, enfatizando cómo Tú habías vencido a sus enemigos. Entonces Moisés instó al pueblo a que obedeciera Tus órdenes y que siguiera Tu liderazgo. Advirtió al pueblo que recordara lo que había observado: “Y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida” (Dt 4:9). También le ordenó decir a sus hijos y nietos lo que había experimentado. Esto me enseña la importancia de recordar y anotar Tu obra en mi vida, y la importancia de compartir con mi familia las lecciones que me has enseñado. Moisés le advirtió a Israel de las consecuencias seguras si Te rechazaba para adorar a otros dioses. Esto me enseña que puedo estar seguro que recibiré disciplina por mi pecado; quieres que la angustia que permites en mi vida me lleve al arrepentimiento y finalmente a Ti. Entonces Moisés instó al pueblo para que meditara en lo que habías hecho: “¿Se ha hecho cosa tan grande como ésta, o se ha oído algo como esto?” (Dt 4:32). Quería que considerara las implicaciones de Tus obras maravillosas, específicamente, que no hay otro dios (Dt 4:39). Esta verdad los llevaría a la única respuesta apropiada: guardaría Tus mandamientos (Dt 4:40).

Reflexión

Moisés Te suplicó para que lo dejaras entrar en Canaán, pero le respondiste: “¡Basta! No me hables más de esto” (Dt 3:23–29). Hay perdón del pecado, las consecuencias permanecen.

Petición

Padre, Te pido que me humilles y me guardes en la senda angosta. Ayúdame a negarme a gozar de los placeres temporales del pecado y tener la mirada puesta en la recompensa (He 11:24–26).

Agradecimiento

Gracias por la seguridad que viene de confiar en Ti. “Tú, oh Señor, no abandonas a los que Te buscan” (Sal 9:10).

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Deuteronomio 4:39.