Querido Padre Celestial,

Alabanza

Es muy natural que quiera expresar mi gratitud y amor por Ti de una manera tangible. Sabes esto, y porque Te agrada mi deseo de relacionarme contigo así, proveíste el voto nazareo (nazareato). Esto me enseña cómo puedo demostrar mi amor y dedicación a Ti por negarme a mí mismo. Eres un Dios que Te agrada Tu pueblo, y Te gustan mis esfuerzos, por muy pequeños que sean, para amarte y adorarte. ¡Grande eres Tú, Señor, y muy digno de ser alabado!

Hoy en Tu Palabra

Hoy me dijiste sobre la ley de los celos y el nazareato. La ley de los celos tenía que ver con acusaciones de un marido contra su mujer. La ley muestra cuánto te importan los vulnerables al maltrato y al abuso. En esa época, la autoridad de un marido sobre su mujer era absoluta, y podía destruir su vida si se cansaba de ella o no le gustaba. Tu mandato de que tal acusación fuera supervisada por un sacerdote demostraba Tu amor y justicia; si la mujer era culpable, sería herida con una grave enfermedad, pero si era inocente, sería libre y concebiría. Esto me enseña cuánto Te importan los sujetos a toda autoridad humana; quieres que yo les trate con amor, respeto e imparcialidad. El voto nazareo (nazir: ‘separar’) era único: era hecho por alguien que quería darse a sí mismo a Ti, en lugar de las ofrendas normales (Nm 6:2). Durante el periodo del voto, la persona tenía que abstenerse de las uvas y los productos de las uvas. También se prohibía cortarse el pelo lo cual era símbolo de su separación. Al fin del nazareato, se exigía ofrecer sacrificios específicos, tras lo cual se rasuraba el cabello de su cabeza y lo ponían en el fuego de la ofrenda de paz (Nm 6:18–19). Tu institución del voto nazareo me enseña cuánto Te agrada cuándo Tu pueblo quiere separarse para Ti, estando dispuesto a renunciar a las actividades y placeres normales para demostrar su amor por Ti. Se podía tomar el voto por hombre o mujer, enseñando que nuestro sexo no hace ninguna diferencia al hablar de dedicación y santidad. De esta manera, el nazareato presagió la unidad que los hombres y las mujeres tendrían en Cristo; todo creyente sería parte de un sacerdocio espiritual.

Reflexión

La lectura de hoy enfatiza que Tu Nombre está sobre mí (Nm 6:27) y que santificarte en mi corazón debe ser mi principal preocupación. ¿Soy diligente en glorificarte en todo lo que hago y digo?

Petición

Padre, Te pido que me bendigas y me guardes, que hagas resplandecer Tu rostro sobre mí y que tengas misericordia de mí, ¡que alces sobre mí Tu rostro y me des paz! (Nm 6:24–26).

Agradecimiento

¡Cuán maravilloso es saber que quieres bendecirme y prosperarme! ¡Quiero agradecerte por Tu misericordia y por Tu gracia viviendo una vida que exalte y honre Tu Nombre precioso!

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Números 6:24–26