Querido Padre Celestial,

Alabanza

Eres el Dios de mis padres espirituales, Abraham, Isaac y Jacob. Eres el Dios que ha sido mi pastor y me has redimido de toda maldad (Gn 48:15–16). Me has conducido junto a aguas de reposo y has restaurado mi alma. Me has guiado por senderos de justicia por amor de tu nombre (Sal 23:2–3). ¡Te adoro hoy y te alabo por tu atento cuidado!

Hoy en Tu Palabra

Hoy me dijiste cómo Jacob llevó a toda su familia a Egipto. Jacob tenía miedo de salir de Canaán, pero apareciste en un sueño y prometiste acompañarlo y hacer de él una gran nación. Tú organizaste esta salida para que Israel no se mezclara por medio de matrimonio con los cananeos, llegando a estar incorporados en esa cultura malvada. Para los egipcios, los pastores eran ‘abominación’, entonces la familia de Jacob podía vivir en Egipto sin el riesgo de ser integrada. Esto me enseña que orquestas las circunstancias con mucha antelación para que se cumplan tus propósitos y planes. Jacob fue reunido con su hijo, y José lo abrazó fuertemente mientras lavaron con sus lágrimas los recuerdos dolorosos de tantos años. Esto me recuerda que al ver a tu precioso Hijo en el cielo, todo lo que yo haya sufrido en esta vida habrá valido la pena. Israel vivió en Egipto por los 17 años siguientes y cuando la hora de su muerte llegó, tenía 147 años. Llamó a José, e hizo que prometiera que lo sepultaría con sus padres en Canaán. También, adoptó a los dos hijos de José, Efraín y Manasés, y los bendijo. Su bendición puso a Efraín, el menor, antes de Manases, el mayor. Hebreos nos dice que Jacob hizo esto por fe fe; desacató las costumbres y actuó según lo que Tú le habías revelado a él (He 11:21).

Reflexión

José aprovechó sabiamente los prejuicios culturales de su día para mantener una separación y distinción entre Israel y los egipcios. ¿Tengo cuidado de mantener a mi familia y a mí mismo separados del mundo?

Petición

Padre, Jacob dijo que habías sido su pastor a lo largo de toda su vida. En su vejez, podía ver con claridad su dependencia de ti. ¡Qué cambio de su juventud maquinadora y engañosa! Ayúdame a tener una actitud como la de Jacob; qué siempre confíe en tu provisión y cuidado.

Agradecimiento

Gracias por ser mi guía y protector. ¡Te agradezco por la disciplina y el ánimo que conlleva la dirección de tu mano de amor!

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Génesis 48:15.