Querido Padre Celestial,

Alabanza

Pablo dijo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gá 6:7 RVR60). Nuestras decisiones conllevan consecuencias, y mis decisiones preparan el terreno de mi vida. Te alabo por ser un Dios que respeta mis acciones. Me anima seguir haciendo “bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos” (Gá 6:9).

Hoy en Tu Palabra

Hoy me dijiste cómo Judá cosechó lo que había sembrado. También me dijiste del primer encuentro de José con sus hermanos. Judá había vendido a José como esclavo, creyendo que José no sobreviviría (ve Gn 42:13). Cosechó su “homicidio” del hijo de Jacob cuando tú mataste a sus hijos, Er y Onán. Judá también aprendió cómo se siente ser engañado; su nuera, Tamar, lo engañó para engendrar sus hijos. Esto me enseña que segaré lo que siembro. Judá había sembrado el homicidio y la decepción, y segó la muerte y la humillación. Los siete años de abundancia llegaron a su fin, exactamente cómo habías predicho, y Jacob mandó a sus hijos (salvo Benjamín) que regresaran a Egipto para comprar grano. Aunque no reconocían a José, él los reconoció, y fue consumido por un deseo de saber si todavía eran los hombres mentirosos, maquinadores, y homicidas que lo habían vendido tan despiadadamente como un esclavo. Los echó en la cárcel (solo tres días en comparación con los dos años que él había pasado en ella), entonces los libró en la condición que Simeón se quedara en Egipto como una prenda que los otros regresarían con Benjamín. ¿Les importaba tanto Simeón como para volver a rescatarlo? ¿Estaban diciendo la verdad sobre Benjamín, o tal vez lo hubieran matado también? ¿Se quedarían silenciosos sobre el dinero que José reemplazó en sus bolsas? José les había puesto la prueba perfecta para ver si sus hermanos habían cambiado después de veinte años. Esto me enseña que la adversidad es la prueba mejor de carácter; siempre revela la verdad de lo que está en mi corazón.

Reflexión

Rubén era rápido de decir: “Te lo dije”, pero sus palabras sonaban vacías. Estaba con ellos cuando empapaban la túnica de José en la sangre del macho cabrío, y participaba con ellos en la decepción de su padre. Como Jacob lo percibió, era “desenfrenado como el agua” (Gn 49:4).

Petición

Padre, José pudiera haber matado a sus hermanos en el momento en que los reconoció. En vez de eso, los probó para ver qué tipo de hombres habían llegado a ser. Ayúdame a tener la misma reacción cuando las personas que me hayan lastimado sean puestos bajo mi poder. Que siempre vuelva el bien por el mal.

Agradecimiento

Gracias por recordarme que nadie puede escapar de los resultados del pecado. Las consecuencias siempre llegan. Aunque no se haga justicia en esta vida, se hará en la venidera.

En el nombre de Jesucristo, Amén.

Versículo de Meditación: Génesis 42:28.